Las puertas del Alcázar de los Reyes Cristianos se cerraron
a eso de las diez de la noche. Cerraba el monumento y cerraba también la décima
edición de Cosmopoética. El acto final de Anónimos
se había celebrado una semana antes, pero, entre la inercia poética y la
vorágine del evento, casi no había lugar para la despedida.
Ahora sí, una vez finalizado todo, es la hora del adiós. O
del “hasta pronto”. O del “nos seguimos viendo”. Porque este adiós no pone fin
a la aventura de Anónimos, ni
cierra una etapa, ni da por concluido el proyecto… Este adiós es sólo una
conclusión formal que, en el fondo, recuerda más al adiós que se pronuncia al
final del verano, cuando te separas de los amigos en la playa, o cuando te
despides de los primos del pueblo hasta las próximas vacaciones.
Hace tiempo, el director de cine Pablo Berger, que vino a
Córdoba varios años consecutivos a participar en un evento cinematográfico, nos
decía: “para mí, esto es como unas vacaciones, como ir a ver a los primos del
pueblo cada verano”. Y con ello quería fortalecer una relación que trascendía
lo profesional, para establecer un vínculo emocional. Así sucede con Anónimos, que ha creado vínculos que
trascienden por encima del propio proyecto. Ya no pueden ser anónimos Juan José,
Cecilia o Pedro, que llevan años arropándonos. Ni los recién llegados, como
Alba, Víctor o Elena. Ya somos como los amigos de la playa, como la familia del
pueblo y sabemos que, en verano, otoño o primavera, volveremos a vernos.
“Fin de temporada / para los cantantes y los camareros /
doblan las campanas / y las caravanas salieron del pueblo”, canta Quique
González para despedir el verano en la ciudad del viento. Pues fin de temporada
para los Anónimos. Y a pensar en
la siguiente, porque no hay nada más excitante en la despedida que soñar con el
reencuentro.





