martes, 8 de octubre de 2013

El fin del verano


Las puertas del Alcázar de los Reyes Cristianos se cerraron a eso de las diez de la noche. Cerraba el monumento y cerraba también la décima edición de Cosmopoética. El acto final de Anónimos se había celebrado una semana antes, pero, entre la inercia poética y la vorágine del evento, casi no había lugar para la despedida.

Ahora sí, una vez finalizado todo, es la hora del adiós. O del “hasta pronto”. O del “nos seguimos viendo”. Porque este adiós no pone fin a la aventura de Anónimos, ni cierra una etapa, ni da por concluido el proyecto… Este adiós es sólo una conclusión formal que, en el fondo, recuerda más al adiós que se pronuncia al final del verano, cuando te separas de los amigos en la playa, o cuando te despides de los primos del pueblo hasta las próximas vacaciones.

Hace tiempo, el director de cine Pablo Berger, que vino a Córdoba varios años consecutivos a participar en un evento cinematográfico, nos decía: “para mí, esto es como unas vacaciones, como ir a ver a los primos del pueblo cada verano”. Y con ello quería fortalecer una relación que trascendía lo profesional, para establecer un vínculo emocional. Así sucede con Anónimos, que ha creado vínculos que trascienden por encima del propio proyecto. Ya no pueden ser anónimos Juan José, Cecilia o Pedro, que llevan años arropándonos. Ni los recién llegados, como Alba, Víctor o Elena. Ya somos como los amigos de la playa, como la familia del pueblo y sabemos que, en verano, otoño o primavera, volveremos a vernos.

“Fin de temporada / para los cantantes y los camareros / doblan las campanas / y las caravanas salieron del pueblo”, canta Quique González para despedir el verano en la ciudad del viento. Pues fin de temporada para los Anónimos. Y a pensar en la siguiente, porque no hay nada más excitante en la despedida que soñar con el reencuentro.




1 comentario:

  1. Así es. Como se dijo en la presentación Anónimos no es una competición ni un concurso, es otra cosa. Es un lugar de encuentro y eso lo hace casa de veraneo, espacio privilegiado donde se nota, puede tocarse, la ilusión y la pasión por eso que nos lleva cada año allí: la poesía.

    Y no sé si soy yo ese Víctor que se menciona, me doy de todas formas por aludido y digo, qué bien se está en la playa, al calorcito de los versos y bajo la sombrilla enorme junto a otos "anónimos domingueros"

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