viernes, 7 de agosto de 2015

Fueron Cosmoanónimos (XI): Dara Scully



I

   Se entregó sin resistencia a la tierra húmeda. Entregó el cuerpo envuelto en un sudario, la piel blanca hilada con premura sobre la carne, sobre el rostro extraordinario de muchacha. En su pecho se extendía una mancha azul. Un quiebro en el vuelo del ave, un augurio. Yo había leído la condena en su mirada. Había olido la llegada de la sangre. La niña se dejó caer como una hoja, lentamente, pronto fue arrullada por el viento. Su sexo se intuía entre los muslos. Su sexo, una grieta temblorosa, pálida, cubierta ahora por el río del invierno.


II


Había en la casa una habitación para las bestias. Para la caza del padre, que tiempo atrás había disfrutado abrillantando su fusil, las botas ahora abandonadas a su suerte. Era un cuarto hecho a la medida de Leonora. Un sepulcro de animales silenciosos, frágiles, retenidos para siempre en una extraña rigidez, una ausencia de la vida que asolaba sus miradas. Leonora disfrutaba acariciándolos. Palpaba aquella carne desecada, inerte, las pieles y las plumas de las aves, y algo se erizaba en su memoria. De niña los había bautizado. Se había confesado ante la sólida presencia del zorro y de los cuervos, hincadas las rodillas en el suelo. Ahora las criaturas la observaban. Entregadas al polvo y a la luz, se sostenían solas, alimentándose del tiempo transcurrido, del paso inevitable de los años.



Nunca me he considerado poeta. Para mí, la poesía había sido siempre cosa de rima y métrica, un universo alejado, impenetrable. Hasta que empecé a crecer y mis ojos se abrieron al mundo. ¿Qué es la poesía? ¿Fue un poema lo que escribí aquel verano, aquello que, mucho tiempo después, envié con cierto vértigo a Cosmoanónimos? Tal vez lo fuera. Tal vez pueda hoy pueda decir: yo una vez publiqué en papel un poema. Porque eso supuso para mí ese librito, ese hijo de todos que ahora sostengo entre mis manos. Yo no era poeta, pero escribía. Y deseaba parir un hijo-libro-página para los otros.

De alguna manera, que me seleccionaran fue a la vez inicio y regalo. Es posible, me dije, y entonces vinieron las novelas, esos dos proyectos que he desarrollado en el último año. Me pregunto cuántos Cosmoanónimos habrán sentido lo mismo. Cuántos se habrán dicho: puedo hacerlo. Cuántos poemarios o novelas habrán nacido o nacerán después de habitar en uno de estos hermosos libritos. Cruzo los dedos para que sean muchos.

Dara Scully, 1989. Como dice su biografía en su página web: fotógrafa, escritora, árbol.

Puedes leer a Dara Scully como cosmoanónima, aquí

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