miércoles, 20 de agosto de 2014

Los otros Anónimos (VI): Paloma Palao


 Ya sabéis que Anónimos 2.2 busca a los poetas sin nombre, poetas inéditos que aún no han visto publicado su primer poemario. Poetas a los que nos gusta leer, compartir con vosotros  y hacerlos parte de la gran familia de Anónimos. Esta edición también estamos repasando a Los otros Anónimos, poetas enormes como Emily Dickinson, Arthur Cravan o Lovecraft. Hoy queremos salirnos un poco de lo establecido y presentaros a una poeta que sí publicó y que ganó algún que otro premio importante. Una poeta que pensamos que no está, quizás, lo suficientemente reconocida. Hablamos de Paloma Palao.




Aprendo un camino para tu pestaña: luz
abierta que no se desboca.
Acudo
a la razón: todo niega
la posibilidad de ser de nuevo
carne en la conjunción de tu memoria.
Barro el dolor, porque busco en mi ventana
la nota
que produzca silencio prometido: escribo
sobre un amor, que no llega;
pero no me despeino
en la nostalgia, porque
la fuente me deja su ruido,
promesa de una necesidad
que se intuye. Contra el dolor
yo tengo mi palabra: firme promesa
de resistir.

***

Escribirán mi nombre en un libro
de nombres apretados, y referencia ,
breve harán del tiempo que pasé ",
vivida.
               Tendré, a lo sumo,
quince páginas en una antología.
Algún niño recitará de carrerilla:
Nacida en Madrid en el 44, perteneció
a la generación perdida, no tuvo
guerra a la que le sujetaran,
ni amo, ni dueño, ni posición torcida.
Descubrió su vocación
muy niña, presentándose a todas
las oposiciones convocadas,
a la cátedra vacante del amor, retirándose
la víspera a un rincón, con su perro
-aún no nacido-, a acunar sus arrugas,
a repasar el índice de materias
-nunca demasiado sabidas-: los celos
el dolor, la comida.
                                         No quiso
saber más que de lo suyo. De fe
arraigada en ese punto
muerto de la angustia, no quiso
comulgar con- ruedas de molino,
ni tener hijos con ruedas de molinos...
Hasta que un día... Tuvo el valor
de recogerse el pelo y andar
más deprisa y subirse a la boca
una mentira.
                           Y todo fue ya
póstumo... Desde ese día.

***

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